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Thurneysen, Eduard – No debemos jugar a ser psicólogos
No debemos jugar a ser psicólogos. De nada le sirve a quien busca ayuda que intentemos decirle lo que otros —los especialistas— probablemente puedan decirle mucho mejor de lo que nosotros jamás podríamos. Seguir leyendo
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Blumhardt, Christoph – ¡Vayamos juntos a Uno que sí puede sanarte!
A un enfermo:«Sanarte va más allá de mis fuerzas; pero ¡vayamos juntos a Uno que sí puede hacerlo!» Seguir leyendo
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Veit, Dietrich – Nos has librado de la espantosa lepra del pecado
Señor Dios, Padre celestial, Tú, por medio de tu Hijo, Cristo Jesús, a través de tu palabra y el santo Bautismo nos has librado misericordiosamente a todos nosotros los creyentes de la espantosa lepra del pecado y aún nos muestras tu ayuda misericordiosa cada día en todo lo que necesitamos. Te pedimos: despierta nuestros corazones por medio de tu Espíritu Santo, para que nunca olvidemos tan grande beneficio, sino que vivamos continuamente en tu temor y con sincera confianza en tu misericordia, y con un corazón alegre te demos gracias y te alabemos por siempre. AMÉN. Seguir leyendo
1–2 minutos -
Bengel, Johann Albrecht – Cristianos que no lloran
Cristianos que no lloran y creen ser especialmente fuertes en la fe, no deberían engañarse a sí mismos. Al final, Dios ni siquiera podrá enjugarles las lágrimas. Seguir leyendo
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Schempp, Paul – Sanación interior y exterior
Estamos acostumbrados a ver en Jesús al médico del alma. Creemos que para él es más importante poner en orden el interior que proporcionar ayuda corporal y exterior. Es cierto: para Jesús era importante que el Evangelio se predicara a los pobres, más importante que los ciegos vieran, los cojos caminaran, los leprosos fueran purificados, los sordos oyeran e incluso que los muertos resucitaran. Pero no olvidemos: lo más importante es también lo más difícil, y esto más difícil está expuesto al engaño y a la imaginación. Es cierto: el daño interior, el envenenamiento interior, la falta interior de apoyo… Seguir leyendo
2–3 minutos -
Steffensky, Fulbert – La iglesia, en cuanto edifcio, es un (re)medio para los sufrimientos y una respuesta a las grandes preocupaciones de su entorno
La Iglesia es visible en la ciudad secular. Un medio para negar la legitimidad a una idea es prohibirle su visibilidad. […] En primer lugar, para la propia Iglesia es de vital importancia representarse a sí misma y tener un rostro público. Uno también se convierte en lo que muestra ante los demás; yo me convierto en aquel que atestiguo ser. La verdad necesita del espacio público y la presencia del Espíritu necesita representación. En nuestra Iglesia hay muchos casos de un apresurado ocultamiento de sí misma. Quizás hemos perdido el orgullo y la certeza de que tenemos que administrar… Seguir leyendo
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Steffensky, Fulbert – La iglesia se convierte en santuario en la medida en que las personas la santifican con sus lágrimas y con su júbilo
El espacio construye mi alma. Lo exterior construye mi interior. […] Los interiores de las iglesas son oscuros debido a la pátina de los suspiros, las oraciones, las dudas de los vivos y de la esperanza de los muertos. Tener una tradición significa ocupar el lugar de los muertos, no solo para asumir sus tareas, sino para participar de la fe y la esperanza de esos muertos. Una iglesia no es una iglesia simplemente cuando está terminada y consagrada. Una iglesia se convierte en iglesia con cada niño que es bautizado en ella; con cada oración que se reza en… Seguir leyendo
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Steffensky, Fulbert – Pensar la iglesia desde los enfermos que necesitan al médico
La construcción de iglesias vive de la riqueza de esa otra Iglesia, que es el pueblo de Dios. Las iglesias, como edificios, también padecen el hecho de que ese pueblo fue traicionado. Si queremos construir iglesias y que esas construcciones sean signos claros y comprensibles del espíritu de Cristo, ese pueblo de Dios debe ser un signo legible de ese espíritu. Por lo tanto, lograr construir bien no es solo una cuestión estética, sino más bien una cuestión del espíritu que nos impulsa. ¿Quiénes somos como Iglesia? ¿Se reconoce todavía el horizonte de la Biblia dentro del horizonte de nuestra… Seguir leyendo
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Savonarola, Girolamo – Hiere mi corazón con la herida de tu gracia
Dios todopoderoso, tú que conoces mis fallas y la profundidad de mis anhelos. No te pido oro ni poder, como hacen aquellos cegados por la codicia. Tampoco te pido comodidad, seguridad o lujo. Solo te pido una cosa: que al encontrarte, hieras mi corazón con la herida de tu gracia. Amén. Seguir leyendo
1–2 minutos
